Malamalama Travels | Una vuelta a casa improvisada en medio de la crisis del COVID19 o la odisea de las repatriaciones
Joan y Ari se fueron de viaje al Sudeste Asiático en Diciembre 2019. Viaje a la antigua, de verdad. Sin prisas. Sin fechas. Sin soporte. Un viaje espectacular, hasta que, por culpa del maldito virus y el caos que se ha originado en los últimos meses, tuvieron que cancelar sus planes y volver a casa. Suena fácil en principio, pero es más complicado de lo que parece. Vuelos cancelados. Espacios aéreos cerrados. Aerolíneas que se lavan las manos. Políticos que no ayudan. Es una más de las miles de historias de repatriaciones que hemos vivido en los últimos tiempos.
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Una vuelta a casa improvisada en medio de la crisis del COVID19 o la odisea de las repatriaciones

Joan y Ari se fueron de viaje al Sudeste Asiático en Diciembre 2019. Viaje a la antigua, de verdad. Sin prisas. Sin fechas. Sin soporte. Un viaje espectacular, hasta que, por culpa del maldito virus y el caos que se ha originado en los últimos meses, tuvieron que cancelar sus planes y volver a casa. Suena fácil en principio, pero es más complicado de lo que parece. Vuelos cancelados. Espacios aéreos cerrados. Aerolíneas que se lavan las manos. Políticos que no ayudan. Sin ningún soporte más allá de familia y amigos. Es una más de las miles de historias de repatriaciones que hemos vivido en los últimos tiempos. Joan nos cuenta su historia de primera mano, con lo bueno y con lo malo. Disfruta su relato!

PLANTEAMIENTO

 

Mi nombre es Joan, @mono_joan en las redes, tengo 32 años y soy de Barcelona. Amante de los viajes, lanaturaleza, el deporte… Soy instructor de deportes outdoor, speaker y soñador. Y desde hace unas semanas vivo, como todos, una pesadilla bautizada con el nombre de COVID-19 en la que jamás había pensado ni por un segundo. Una pesadilla que me pilló a medio viaje por el Sudeste Asiático con mi pareja @ariblanquez (podéis ver más sobre este viaje y otros en nuestro Instagram @mono_and_mona). Pese a que todo el mundo está viviendo esta pesadilla y cada uno vivimos una realidad distinta, voy a contaros nuestra aventura, humilde y modesta, y que no tiene nada de relevante, pero una aventura al fin y al cabo. Esta es mi historia de amor con el virus, las compañías aéreas, consulados y embajadas… y sobre todo una historia que me ha unido más a mi pareja, a mi familia y a mis amigos.

Llevábamos más de 4 meses viajando e improvisando nuestro viaje, dejándonos fluir. Recorrimos Tailandia, Malasia, Myanmar, viviendo nuestro sueño, por el que habíamos estado mucho tiempo trabajando y ahorrando, al que finalmente nos habíamos atrevido y decidido a empezar. Nuestra odisea empezó a los pocos días de llegar a Indonesia. Ya sabíamos de la existencia del maldito virus hacía días. Cómo no saber de él con tantos memes que veíamos a diario, no? Pero no era por los memes por lo que más lo conocíamos nosotros, sino porque en todos los países por los que viajábamos empezaron a tomar medidas rápidamente, mucho más serias y más rápidamente que en el España. Mientras desde casa nos llegaban memes e información de que no era más que una gripe (que ahora todos sabemos que era más que falso, pero que entonces nos lo creíamos todos), en cualquier sitio que íbamos, nos encontrábamos con controles de temperatura. Por supuesto en todos los aeropuertos, pero además en estaciones de tren y autobuses, a la entrada de los bancos, en cualquier punto de la carretera, en definitiva, en cualquier sitio. También, en todos los lugares públicos, encontrábamos a nuestra disposición gel desinfectante con el que limpiarse las manos debidamente. Y en lugares muy concurridos, como atracciones turísticas o pasos fronterizos, nos regalaban mascarillas. Sí! Sí! REGALADAS! Y por supuesto, por todas partes, paneles informativos con los protocolos de actuación ante esta situación.

Siendo así, nos sentíamos muy seguros. Muchísimo, la verdad. Mientras seguíamos con nuestro viaje, creíamos saber lo que teníamos que hacer, pues nadie nos decía ni nos recomendaba otra cosa: ir con mascarilla en lugares concurridos, incrementar nuestra higiene, lavarnos las manos cuantas más veces mejor, mantener las distancias con la gente… Además, al no estar en casa, mantenernos muy informados, cuidarnos más que nunca y mantenernos sanos; tener a mano (nunca mejor dicho) desinfectante siempre y cualquier medida que se nos pudiera ocurrir como viajeros responsables.

Entramos en Indonesia el día 9 de Marzo desde Myanmar con la FREEVISA como turistas por un mes y, al ser obligatorio tener un vuelo de salida del país, compramos uno para el día 6 de Abril con destino a las Filipinas. Si para cuando llegamos a Bali parecía que el virus estaba focalizado en China e Italia y no teníamos motivo de preocupación, en un par de días cambiaría todo. Las cifras de contagios en España seguían el mal camino de Italia y le ponían a la delantera de los países más afectados. El resto del mundo tampoco se salva y en todos los países incrementa desmesuradamente el número de casos. Aún así, parecía que en Bali, donde nos encontrábamos, no había riesgo y que, en general, en el Sudeste Asiático habían sabido actuar con tiempo para levantar su muro de contención contra el virus y controlar la situación. Seguíamos seguros pero ya no confiados. Así que cada día, mientras desayunamos nos informábamos de las noticias, sobre todo y detenidamente, de las de Catalunya, por ser nuestra casa, las de España y de las relativas en Indonesia, para estar al corriente de cualquier cambio en la situación y saber sobre su evolución.

NUDO

 

En cuestión de horas la cosa fue de mal en peor. Digo horas porque ya estábamos conectados durante todo el día, jugando con la diferencia horaria de 6 horas entre Europa y el Sudeste Asiático, para estar informados. Surgió un nuevo e importante brote en Filipinas, supuestamente, nuestro siguiente destino. Se concentraba en Manila y rápidamente se cerró la ciudad y se confinó a la población. En principio no nos debía afectar demasiado, pues nosotros volábamos a Cebú, pero con esta información teníamos claro que las demás islas seguirían el mismo camino. Decidimos cambiar de plan y no ir a Filipinas, y no nos equivocamos. Intentamos contactar con AirAsia, compañía a la que habíamos comprado los vuelos, pero no respondieron por ningún medio. Aún así, no quisimos desesperarnos, pues aún teníamos dinero ahorrado y nos centramos en lo más importante: regresar a casa. Conforme fueron pasando las horas seguían llegando más malas noticias.

Todos los gobiernos se iban viendo obligados a tomar medidas y el coronavirus ascendió a un nuevo rango: pandemia mundial. Llegaban más malas noticias, más recomendaciones, más fake news y más contradicciones. Si al principio nadie decía nada, ahora todos empezaban a recomendar que los viajeros volvieran a sus países de origen. Hablando con nuestra familia y amigos nos decían entonces que valoráramos quedarnos, que posiblemente estábamos más seguros en Bali que en España, donde crecía exponencialmente el número de casos. La incertidumbre se empezó a apoderar de nosotros. ¿Qué iba a ser lo más correcto? Por una parte, viajar servía para propagar el virus y lógicamente no queríamos contribuir a empeorar la situación, así que quizás fuera mejor quedarnos quietos, ya no era cuestión solamente de lo más seguro para nosotros. Por otra parte,viendo la evolución de la situación, cada vez era más claro que el virus también llegaría a Bali.

Conforme fueron pasando las horas y los días, ya no estábamos haciendo turismo, ni disfrutando del viaje. Por eso, decidimos seguir las recomendaciones oficiales y volver a casa. Con el corazón encogido, por tener que interrumpir nuestra aventura, pero sin remordimiento, sabiendo que hacíamos lo correcto. Así empezó un nuevo capítulo de nuestra aventura: encontrar vuelo de vuelta a casa en un momento en el que todas las informaciones eran cambiantes, confusas y poco fiables.

Contactamos con la Embajada Española en Jakarta y el Consulado Honorario en Bali. Muy amables pero, francamente, muy poco resolutivos. Nos pasaron un cuestionario para españoles que nos encontrábamos en la misma situación y, a parte de eso, poco más que mantenernos en contacto con ellos vía WhatsApp y Twitter. Sus recomendaciones se centraron en que hablásemos con las compañías aéreas y, lógicamente, que regresáramos en cuanto pudiéramos, sin más; pero no acertaban a decirnos nada más que eso, ni asesorarnos, ni guiarnos: NADA!

Google en mano, buscamos vuelos, SkyScanner, eDreams, etc. Para el mismo día y los dos días siguientes, carísimos: 2.000 €/persona los más económicos. Encontramos vuelos para el 19 de Marzo, en eDreams, Bali – Barcelona a unos 750 €/persona, con seguro de conexión de vuelos (intención inútil de cubrirnos las espaldas). Eran los vuelos más próximos y asequibles que nos podíamos permitir. Volábamos desde Bali hasta Singapur con AirAsia, y de Singapur a Londres y finalmente Barcelona, con British Airways. Conscientes de la situación, con rumores de aeropuertos y fronteras cerradas y personas atrapadas (por ejemplo, en Filipinas) contactamos con la Embajada de Singapur. Nos indicaron que podríamos realizar la escala sin problema si no teníamos síntomas. Perfecto. También contactamos con las aerolíneas. Seguían operando. Genial.

Compramos los vuelos y respiramos, y mientras respirábamos y esperábamos la llegada del día del regreso acasa, nos preguntamos qué podíamos hacer. Decidimos alejarnos de multitudes y confinarnos hasta el día devolar a casa. Cada día nos tomábamos la temperatura un par de veces y, al no tener mucho más que hacer,seguíamos la evolución de la situación y manteníamos el contacto con embajada y consulado, ya bastantetranquilos por haber tomado una decisión prudente y responsable. El día antes volar hicimos el consabido check-in, asegurándonos de que el vuelo seguía activo. Todo parecía Ok. OK!

Llegado el día, cogimos un taxi privado para el aeropuerto (2hrs.). Aunque fuera más caro, preferíamos evitar transportes públicos o compartidos por el inevitable contacto con mucha gente. La situación en Bali parecía bastante estable. Por lo que sabíamos, solo habían cerrado las escuelas. Mientras nosotros habíamos tomado nuestra decisión, la playa seguía estando llena de turistas creyéndose ajenos e inmunes a este gran problema. Los comercios seguían trabajando plenamente, pues esta población ha superado ya terremotos, volcanes, tsunamis, hambrunas… y, aunque conscientes del problema, aprovechan, pues gran parte de la economía está basada en el turismo. Teníamos un larguísimo viaje por delante y los aeropuertos son núcleos de propagación, así que preguntamos a nuestro conductor si podíamos parar en una farmacia para comprar mascarillas, guantes y gel. Había que tomar todas las medidas posibles para protegernos, no llevar el virus con nosotros y evitar contagiar a nadie al llegar a casa.

Aunque el vuelo salía a las 17h, muy prudentes, llegamos por la mañana al aeropuerto. Pasamos el control de temperatura sin problema y nos dirigimos al mostrador de AirAsia para facturar nuestro equipaje. Después de un buen rato de cola, llega nuestro turno y… oh, sorpresa! No nos dejaron embarcar aduciendo que AirAsia operaba en Singapur en una terminal distinta a la de British Airways, y como teníamos que coger las maletas y volverlas a facturar, no nos estaba permitido el tránsito. Sorprendentemente (😉) no nos dieron ninguna solución más allá de: “recorred los mostradores de las otras compañías y buscad (y comprad de nuevo) otros vuelos de otra compañía que opere en la misma terminal que B.A.”.

Intentando no perder el siguiente vuelo que teníamos (y más dinero), nos recorrimos todo el aeropuerto en busca de la susodicha compañía mientras llamábamos a eDreams, AirAsia, el consulado y a cualquiera que se nos venía a la cabeza, aunque no esperábamos solución. Suerte que fuimos sobrados de tiempo! Aun así, misión fallida. Todo lleno o vuelos cancelados. Intentamos enviar las bolsas del equipaje a Barcelona, pero también sin éxito.

En un último intento desesperado volvimos al mostrador de AirAsia. Volvimos a hacer la cola pertinente y les rogamos que nos permitieran el embarque dejando las maletas en Bali si era necesario. Que no nos importaba y que lo que queríamos era poder volver y no perder todos los vuelos que habíamos comprado. Ni aun así! Nos explicaron que la noche antes habían incrementado las restricciones fronterizas en Singapur y que no dejan entrar al país a nadie que no tuviera pasaporte de allí. Que al cambiar de terminal y pasar obligatoriamente porinmigración, no se entendía como una escala, sino como una entrada al país. Más desesperados aún, les pedimos que nos dejasen volar y que una vez en Singapur ya lo arreglaríamos. Ni por esas conseguimos NADA.

El cabreo iba en aumento, no solo por no poder volar, también por la impotencia de no saber qué hacer, darte cuenta de que, aun intentando hacerlo bien, nadie te ayuda, con la sensación de que te toman el pelo: “Juntos lo superaremos”. ¿Juntos? ¿Quiénes?! Sin embargo, seguimos buscando soluciones en el aeropuerto, ya que estábamos allí, mientras intentábamos contactar con quien fuera vía teléfono, Twitter, email, etc. Pero nada de nada. De oca a oca y tiro por que me toca. Acabamos perdiendo todos los vuelos y volvimos a la casilla de salida. Volvimos a buscar vuelos, ahora los precios a dos días vista estaban a 4000€ y 5000€. Nos salía más acuenta quedarnos un año en Bali. No podíamos hacer ya mucho más en el aeropuerto, solo nos quedaba ir a las oficinas de AirAsia e intentar tramitar una reclamación. 2 reclamaciones, de hecho, pues también teníamos los vuelos a Filipinas para Abril. Para los que acabábamos de perder, nos ofrecieron o bien cambiarnos el vuelo (un vuelo sin sentido pues solo operan en Asia y no nos llevaban a ningún otro sitio dónde arreglar nada), o bien Big Member Points, puntos para volar con ellos con caducidad de un año. Como si supiéramos que en un año íbamos a poder viajar! Obviamente, no aceptamos nada de esto. Pidiendo más explicaciones todo fue echar pelotas fuera. Preguntamos porqué no nos habían avisado y nos dijeron que la responsabilidad era de eDreams, pero eDreams sin responder. Pasamos a los vuelos de Filipinas y aún más problemas. Como faltaban muchos días para este vuelo y aún no estaba cancelado, ni Cebú cerrado, no nos daban más opción que esperar. En el pulso de las aerolíneas y los gobiernos, claro está que mandan las compañías, que deben tener más poder que los propios gobiernos. Nos marchamos con las manos vacías pasadas las 12h de la noche, buscamos un alojamiento cerca del aeropuerto y pensamos que la mañana siguiente sería otro día y que había que consultar con la almohada.

Mañana siguiente de la pesadilla. Otra vez pegados al teléfono. Más temprano aún, pues queríamos madrugar por si alguien nos había respondido y teníamos forma de volver a casa. Y si, British Airways nos respondió un tweet y nos contesto por privado en Twitter. Parecía que podíamos coger un vuelo para el día 23, pagando más claro! Nos ofrecían un vuelo de Bali a Hong Kong con otra compañía y luego Hong Kong-Londres-Barcelona con ellos como estaba previsto. No nos pareció mal, pues en ese momento queríamos irnos YA. El día anterior habíamos conocido mucha gente de todo el mundo en el aeropuerto con situaciones parecidas. También conocimos españoles que nos añadieron a un grupo de Whatsapp: “Españoles atrapados en Bali”. Marca de la casa total, el grupo nunca funcionó. La intención era buena pero la gente lo convirtió en un gallinero más que en algo útil, además haciendo correr información sin verificar que no hacía más que agravar la situación. Tanto fue así que los administradores tuvieron que crear otro grupo para pasar la información oficial, gracias! También llegamos a estar en otro grupo: “Nos quedamos en Bali”. En este había gente que quería gestionarse su estancia en la isla, pero se convirtió otro gallinero donde se hablaba más de cómo evitar el confinamiento e ir a tomar birras que de buscar soluciones.

Con todo este panorama, sabíamos que cada día la situación sería más difícil. Así que confirmamos nuestro interés a British, pero pedimos que nos dieran más detalles y nos confirmaran y aseguraran que el avión iba a salir y no íbamos a tener problemas. Y en ese momento nos dejaron de contestar. Así, sin más. Ahora pensamos que no querían dejarlo por escrito y lo más fácil era dejar de contestarnos, pero entonces creíamos que estarían trabajando a marchas forzadas y que igual tardaban en contestarnos. Así que a día 20 buscamos otro sitio para estar hasta el 23 y mientras, seguir presionando, a British sobretodo, para coger el avión que nos habían propuesto, y a eDreams y AirAsia para recuperar nuestro dinero.

Pasó otro día en Bali sin solución. El Consulado y la Embajada aún sabían menos que nosotros sobre cualquier cosa. Y no sería hasta la mañana siguiente, la del 21, que British nos respondiera. El vuelo del 23 ya no estaba disponible y ahora nos ofrecían otro para el 24, aunque se repitió la jugada: de nuevo a media conversación, bomba de humo.

Ya bastante cansados de discutir, quejarnos y hacer reclamaciones, empezamos a replantearnos la idea de quedarnos. Mientras recapacitábamos, nos contactó la Conselleria catalana d’exteriors. Por un momento un rayo de esperanza, muy corto eso si; nos dieron ánimos pero ninguna solución, de hecho solo nos robaron tiempo.

En ese momento nuestras opciones serían:

1.- Comprar de nuevo otros vuelos sin ninguna garantía. Lógicamente ya no nos atrevíamos a tirar otros 1500€ o más sin ninguna seguridad.

2.- Rezar y esperar que los de British realmente nos reubicasen. Íbamos a darles unas horas hasta la mañana siguiente, manteniendo la fe y la esperanza.

3.- Quedarnos en la isla e ir buscando un lugar para vivir el tiempo que hiciera falta. No nos desagradaba la idea realmente, pero cuando analizábamos la situación de estar en un sitio desconocido, con menos sanidad, menos recursos, sin saber de cuánto tiempo se trataba, del inevitable aumento de contagios, etc., no nos parecía demasiado halagüeño y sí nada responsable. Aún así, igualmente pensamos en ser previsores y contactar con la gente que habíamos conocido en Bali esos días por si acaso.

Pasamos el día pegados al teléfono y de repente se abrió una nueva ventana. La Embajada de España en Indonesia colgó un tweet (en resumen): “Vuelo Bali – Lituania – Barcelona, día 24 de Abril. 1300€ por persona a los 100 primeros. Prioridad nacionalidad lituana, luego familias españolas y enfermos. Interesados rellenar el formulario”. Ya flipábamos! No sabíamos si se trataba de una broma incluso, pero hablamos con el cónsul y supimos que era cierto. Se añadía una nueva opción que, a decir verdad, no contemplábamos demasiado pues en un principio no nos podíamos permitir 2600€ más en vuelos. Pero allí estaba la opción 4:

4.- Coger el vuelo que ofrecía la embajada. Aunque no lo teníamos nada claro, de hecho, por el momento solo te decían que rellenaras un formulario, pero no que tuvieras plaza; y nosotros no éramos una familia, ni estábamos enfermos. No tendríamos la confirmación hasta la mañana siguiente.

Se acercaba la noche y llamamos a familia y amigos para contarles la situación y compartir todo lo que pensábamos, pues teníamos ya la cabeza deshecha y necesitábamos saber otras opiniones. Fue colgar el teléfono con los colegas, y en media hora nos volvieron a llamar. En nada tendríamos el dinero ingresado para comprar los vuelos. Moríamos de amor y nos sentíamos las personas más afortunadas. Nuestros amigos habían hablado entre ellos, se lo habían montado para juntar la pasta y, por lo rápido que fueron, se ve que no tuvieron ninguna duda en rescatarnos. Mil gracias! Lo recordaré siempre, me fui a dormir pensando: “no sé si conseguiremos volver pero tengo los mejores amigos del mundo”.

DESENLACE

 

Día 22. Con tanta tensión, cada día dormíamos menos y ¡menos mal! Me levanté, cogí el móvil y vi un mail de la aerolínea del vuelo que nos ofrecía la embajada. Desperté a Ari y lo leímos. Teníamos plaza en el avión! Fantástico! Abrimos el enlace y estaba en un idioma que nos pareció ruso. No nos fiábamos (solo nos faltaba quenos soplaran también el dinero que habían juntado nuestros amigos) así que llamamos al Consulado, donde nos confirmaron que todo era correcto y que los vuelos al final costarían 1000€ por persona, pero que el vuelo ya no sería a Barcelona sino a Alicante. El cambio de destino nos resultaba ya indiferente y aunque que ya no nos íbamos a creer nada hasta estar en casa, los compramos!

Día 23: Siguiendo con la misma dinámica, intentamos reclamar, seguimos con el confinamiento en Bali y vivimos pendientes de que nada diera al traste con el nuevo vuelo.

Día 24: Si hasta el momento madrugábamos, imagínate el nuevo día. Queríamos estar los primeros en el aeropuerto, y casi, casi, así fue. Llegamos al aeropuerto de Denpasar y estaba todo cerrado. Todo. Parecía que lo hubieran abierto para nosotros. Todos los vuelos que aparecían en pantalla salían cancelados, a excepción del nuestro. Nuestro vuelo, en vez de poner el nombre de la compañía que lo operaba, ponía “no name”. Seguía sin inspirar seguridad. Siguiendo las indicaciones que nos habían pasado desde la Embajada y Consulado, fuimos al punto de encuentro que nos habían indicado, para encontrarnos con los responsables y representantes de Embajada y Consulado y los demás viajeros. Una vez todos allí, exceptuando 6 (que no pudieron ser puntuales ni aquel día), fuimos en orden a los mostradores, los únicos que estaban abiertos, y nos pusimos en una larga cola detrás de los lituanos, que tenían prioridad y embarcarían antes que nosotros. Yo me preocupé de ser el primero con pasaporte español en ser atendido. Y cuando nos llegó el turno, sorpresa de nuevo. El personal que nos atendía en el mostrador no era de la aerolínea, sino personal del mismo aeropuerto. Los ordenadores no funcionaban y, para colmo, nos decían que no les constaba que nuestro vuelo fuera a Alicante! Discusiones de nuevo. Finalmente se aclaró, eso sí, después de llamar incluso al capitán del avión. Por fin, tarjetas de embarque en mano, maletas facturadas y esperando delante de la puerta de embarque!

Me gustaría decir que todo fue genial y sin problemas, y al fin conseguimos llegar sin más, y c’est fini, pero no, no fue así. Aquí empezó el último capítulo de nuestra aventura de regreso a casa. Al principio todo parecía normal, aunque nos pareció un avión muy pequeño para un vuelo tan largo, pero como no somos entendidos en el tema, estábamos felices de estar en el avión y con eso nos conformábamos. Mientras la tripulación hacía los preparativos para despegar, el capitán, micro en mano, nos sacó de dudas. Explicó que, efectivamente, el avión era pequeño y teníamos que parar a repostar en Tailandia, India, Rusia y Lituania, donde desembarcarían los lituanos y seguiríamos hasta Alicante, nuestro destino. Como digo, a nosotros ya poco nos importaba mientras llegáramos a casa. Lo que nunca me hubiera imaginado es la poca capacidad decontención que tiene alguna gente o lo pequeña que tienen la vejiga. Hubo hasta momentos de bastante tensión entre pasajeros ya que algunos no eran capaces de esperar en su asiento para ir al servicio, y se levantaban, ignorando la normativa de seguridad, y a la tripulación, y se colocaban en la parte final del avión amontonándose en una cola sin dejar espacio de trabajo a la tripulación. Recuerdo un momento en que pensé: no nos pillará el virus, pero no salimos vivos de este avión. ¡Qué triste! Con lo que ha costado coger el maldito vuelo…

Paramos en Tailandia 1 hr. para repostar. En la India, no se muy bien dónde. Creo que en un campo de vacas, porque el avión se lleno de mosquitos y nos empezaron a picar a todos repetidamente. Aquí ya pensé: seguimos sumando factores! Ahora si no es el coronavirus, pillaremos dengue o malaria! Vamos de mal en peor! Pero por suerte o desgracia, podía entretener la mente matando mosquitos, aunque las manos me quedaran llenas de sangre de vete tu a saber quien y sin poder limpiármelas porque los 2 servicios estaban ocupados por los incontinentes.

«Ya no puede pasarnos nada más!» (Por qué no me callé…) Imagino que no pensé que en Rusia podíamos pararen otro campo, esta vez nevado y que dejarían la puerta abierta para cargar provisiones del avión. Muy bien,estábamos llenos de picaduras y ahora también helados! Pero seguimos, que nos vamos a casa!

Llegamos a Lituania!!! En un par de horas, desembarcaron los lituanos, embarcaron españoles que se encontraban en Lituania, repostamos combustible e íbamos a despegar cuando… el avión se avería. Si, en serio. 6 horas más parados en Lituania, sin poder bajar del avión, hasta que vino otro a por nosotros. Nos trasladaron de un avión a otro con el personal del aeropuerto equipados como en Chernóbil. Mepareció genial a la vez que sabía que cuando llegáramos a Alicante no tendría nada que ver, lo más mínimo.

Pues nada, al final sí que llegamos a Alicante. Y allí, en el aeropuerto, cero controles, CERO!!! Por supuesto, nadie nos recibió, nada coordinado para el montón de gente que llegábamos en el avión. Habíamos pensado que, después de 31 horas encerrados todos juntos dentro del avión, por lo menos nos habrían hecho algún confinamiento a todos juntos, o algo. Pero no fue el caso.

El caso fue que llegamos, pero no teníamos como ir del aeropuerto de Alicante a casa, Figueres, al norte de Catalunya. Al llegar con tanto retraso, no teníamos ningún tren para llegar. Solo hasta Barcelona y de madrugada. La combinación de transporte malísima. Así que decidimos alquilar un coche. Llevando toda la documentación y nuestra historia creíamos que serviría para que nos dejaran llegar a casa, pero no hizo falta. De Alicante a Barcelona en coche sin controles. Nadie nos pidió nada, ninguna explicación. De Barcelona aFigueres, AVE y más de lo mismo. Ningún control de nada. Y al fin en casa, en cuarentena por voluntad propia, pues aquí ninguna autoridad se ha interesado, ya no por cómo estábamos nosotros sino, por lo que entiendo más preocupante, por si estábamos contagiados y podíamos propagar el virus.

Por suerte, ha pasado el tiempo y no hemos tenido ningún síntoma de nada. Ahora solo nos queda intentar recuperar nuestro dinero y empezar a pensar en próximas aventuras!

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